Me pregunto a veces quiénes son ese Cristo y ese Creador de los que habla como si fueran sus amigos, qué le piden a cambio de la salvación de su alma.
Supongo que muy poco. Por su religiosidad y una misericordia como las suyas, programadas exclusivamnete para los domingos, yo no pagaría ni un céntimo.
Dan ganas de decirle: preparelé algo que no sean esas insípidas dietas ni esos brebaes sin sustancia, y trátelo con más cariño, mímelo un poco, hagale reir, que eso tendrá más valor que los veinte padrenuestros que corre usted a rezar a su iglesia... Pero claro, para eso tendría que dejar de vivir de cara a la galería.
sábado, octubre 20, 2007
A Cambio de la Salvación
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